dimarts, 4 de gener del 2011

G. Apollinaire y M. Vibescu

Guillaume Apollinaire fue algo más que un poeta. Nacionalizado francés, de origen polaco (bajo dominación soviética) y nacido en Roma, su obra se encuadra en el seno de las vanguardias europeas de principios del siglo XX. Ampliamente conocida, su obra poética juega con el surrealismo. Pero, ¿qué hay de su obra narrativa?

Sin duda las novelas de Apollinaire son menos conocidas por el público en general, y están menos trabajadas por la crítica, tanto francesa como extranjera. De entre todas, destaca una, considerada como la más importante: Les onze mille verges ou les amours d’un hospodar, publicada en 1907 y traducida al castellano como Las once mil vergas o los amores de un hospodar.

Esta obra, se enmarca en el interior de diversas corrientes de renovación literaria que sufre Francia a principios del siglo XX, sobre todo en los planos estético, formal y temático. Además, la aplicación de la revolución vanguardista a nivel más sociológico, supone la ruptura con la moral tradicional. La vista hacia las obras de los libertinos del siglo XVII y XVIII será casi obligatoria para estos autores, deseosos de remover el panorama intelectual.

Respecto de la novela a trabajar, su título ya avanza una temática y un contenido. No obstante, un análisis semántico de la misma, podría revelarnos algunos detalles significativos que intentaremos ir analizando. Pero antes de pasar a dicho análisis, sería conveniente plantear las características tanto de esta obra como de su contexto.

Apollinaire fue el gran descubridor de la obra del Marqués de Sade en Francia. Oculta durante todo el siglo XIX por ser considerada como moralmente perversa, Apollinaire fue el primero que se atrevió a recoger distintos pasajes y crear una antología con ellos. En 1909 publica así L’Œuvre du Marquis de Sade en la editorial Bibliothèque des Curieux. Para esta edición prepara, además de una selección de textos, como ya hemos indicado, una introducción crítica y un ensayo bibliográfico sobre la obra del Marqués.

Así pues, no es de extrañar que sus intereses por las pasiones humanas le llevaran a escribir una novela, calificada por algunos como erótica, siendo a nuestro juicio más bien pornográfica ya que no sugiere con sutileza, sino que muestra el sexo en su faceta más primitiva. Firmada con las iniciales «G. A.», y a pesar de que no haya sido reivindicada su autoría, la crítica la atribuye de manera indiscutible al poeta Apollinaire.

Aquí se narra la historia de un príncipe rumano, «hospodar», según el nombre que reciben los antiguos príncipes soberanos de Valaquia y Moldavia, según la tradición rumana, Mony Vibescu, que va de Bucarest a París, pasando por toda Europa, para acabar muriendo en Port-Arthur (China). La vida sexual del protagonista, enfermiza, es descrita de manera ruda y sin ningún tipo de consideración moral para con el lector. Así pues, Vibescu participa en encuentros de sadismo y masoquismo, escatología y urolagnia, pedofilia y gerontofilia, masturbación, sexo en grupo y otras prácticas.

Esta novela, sin embargo, se distancia de una novela pornográfica más estricta por la importancia de lo trágico. De este modo, el príncipe rumano está determinado por la frase que éste le dice a una cortesana (Culculine) a su llegada a París (inicio del capítulo segundo): «Si os tuviera en una cama, os probaría mi pasión veinte veces seguidas. ¡Que las once mil vírgenes o incluso que once mil vergas me castiguen si miento!». Nótese que en francés, la palabra «verge», significa tanto «verga» como «fusta», jugando con la homonimia de esta palabra. Además, por proximidad fonética, también recurre a la comparación entre «vierge» (virgen) y «verge». Incapaz de realizar el coito veinte veces seguidas, morirá apaleado por once mil varazos que le asestó el ejército japonés.

Entrando ya en el análisis semántico, el primer aspecto que llama la atención es que la primera palabra referente al acto sexual no aparece entre las cien primeras más comunes: «jouir» (disfrutar) y «jouissance» (disfrute) serán las más frecuentes, ocupando las posiciones 102 y 103 respectivamente, ambas con diecinueve repeticiones. A partir de ahí, y hasta la posición número 400, únicamente encontraremos los términos «déchargea» (posición 130, con dieciséis repeticiones), descargó; «entra» (posición 131, con dieciséis repeticiones), entró; «pénétra» (posición 156, con catorce repeticiones; veintidós repeticiones si le sumamos los infinitivos), penetró; «bander» (posición 202, con once repeticiones), empalmarse; «baiser» (posición 299, con ocho repeticiones), follar; «encula» (posición 310, con ocho repeticiones; quince si le sumamos el participio), enculó; «suça» (posición 347, con ocho repeticiones), mamó. Mención especial merece la palabra «amour», que detallaremos más adelante.

De entre los términos señalados sería interesante plantear dos consideraciones. La primera de ellas es la aparición de los verbos más usuales en pasado simple. Gramaticalmente este tiempo se usa exclusivamente para situaciones comunicativas muy formales, o para discursos literarios de estilo alto. Sorprende, por lo tanto, su uso en una novela pornográfica si no es con el objetivo de crear una obra literaria de culto. En segundo lugar, existe cierta identificación entre el verbo «bander» (empalmarse) y las consecuencias de la frase de Vibescu que le llevarán a la muerte: veinte veces seguidas fueron las prometidas, y once fueron sus erecciones.

En relación con lo comentado anteriormente, es destacable también el hecho de que la palabra «cul» (culo), aparezca con más frecuencia (posición número 4, con ciento treinta y dos repeticiones) que la palabra «con» (coño), relegada a la posición número 17, con sesenta y ocho repeticiones. Así pues, las hazañas sexuales del héroe no se limitaron a la penetración vaginal (siempre en número de repeticiones inferior a veinte), sino que la penetración anal es la práctica más recurrente, tanto en posición activa como pasiva. De este modo, las referencias mediante sinónimos al ano son más frecuentes que las propias de los genitales.

Además, de entre los genitales, también es destacable la mayor abundancia de términos relativos a los masculinos (posiciones anteriores a la 150) que a los femeninos (posiciones posteriores a la 150). En principio, el protagonista sería abiertamente heterosexual, teniendo que distinguir en este punto entre orientación sexual y prácticas sexuales. A pesar de ser superiores las frecuencias de repetición de palabras relativas a los genitales masculinos que a los femeninos, y a pesar de que no es capaz de llegar a veinte penetraciones, la sombra de una cierta homosexualidad, o bisexualidad, de Mony Vibescu quedarían descartadas. A esta conclusión podríamos llegar por el hecho de que la palabra «femme» (mujer) aparece en novena posición, con noventa y tres repeticiones (a las que se le podrían sumar las correspondientes al plural, que aparece en la posición 38 con treinta y nueve repeticiones), mientras que el término «homme» (hombre) no aparece hasta la posición número 47 con treinta y tres repeticiones.

A parte de esto, es destacable que junto con el nombre del protagonista (que aparece en primera posición), los nombres propios más repetidos son los de las cortesanas parisinas: Cornabux (posición 10, con ochenta y nueve repeticiones), Alexine (posición 14, con setenta y ocho repeticiones) y Culculine (posición 16, con setenta y siete repeticiones). Los nombres masculinos no son, por lo tanto frecuentes, entre las primeras cuatrocientas palabras, siendo Fédor el primero, en la posición 109 (con diecinueve repeticiones).

Si recuperamos las recurrencias más frecuentes de los términos relativos al acto sexual, la palabra «amour» merece un especial análisis, tal y como se avanzaba en páginas anteriores. Pero antes de entrar en el análisis de dicho término, deberíamos plantear una consideración previa respecto de su uso y significado. Tal y como ocurre en castellano con la palabra «amor», «amour» tiene dos sentidos. Por un lado, el sentimiento de estima y de aprecio. Por otro, el acto sexual en sí («hacer el amor»).

Independientemente de su significado, que posteriormente trataremos con el análisis del trigrama y de las concordancias, la importancia del término «amour» reside en que antecede a las palabras relativas al acto sexual ya expuestas. Así pues, este término ocupa la posición número ochenta (con veintidós repeticiones) en la novela de Apollinaire.

Sin embargo, para esta palabra, es conveniente observar su significado en cada caso concreto, para analizar si se está frente a la palabra más recurrente de la lista de términos relativos al sexo, o si los sentimientos ocupan un lugar destacable en la obra.

En primer lugar, en el análisis del trigrama de la palabra «amour», este término aparece repetido únicamente en cuatro ocasiones, con la locución «faire/fait l’amour» (hacer el amor). Este hecho es significativo para observar que, a pesar de encontrarnos frente a una novela pornográfica, los sentimientos ocupan una posición destacable.

No obstante, en segundo lugar, sería igualmente adecuado analizar con detenimiento el contexto de uso de este término. Encontramos que, de entre las veintidós recurrencias a la palabra «amour», la mitad de ellas se refieren al amor como sentimiento (once); mientras que en la otra mitad de apariciones esta palabra está inserta en un contexto puramente sexual.

Sobre la disposición de la palabra «amour», sin distinguir entre las dos acepciones, es destacable el hecho de que domine en la primera mitad de la obra. Poco a poco, cederá su lugar a la palabra «baiser» (follar). Esta evolución de lo sentimental a lo puramente carnal se debe a la evolución interna del personaje, que pasa de creer en el amor (a pesar de sus prácticas), a considerar el amor únicamente en un plano sexual.

A modo de conclusión sobre los datos analizados en la obra Les onze mille verges ou les amours d’un hospodar (1905), de Guillaume Apollinaire, podríamos destacar varios aspectos. En primer lugar, la importancia del amor como sentimiento, en medio de una novela puramente sexual. Aunque poco a poco este sentimiento vaya dejando su hueco a términos relativos al sexo sin sentimientos, el inicio de la novela muestra a un personaje que aúna moral y placer. Además, el uso de términos cultos como «foutre» (esperma; palabra del siglo XV) o de uso de una morfología verbal culta (pasado simple en lugar de passé composé), nos dejan entrever a un autor preocupado por la forma. Del mismo modo, las influencias del Marqués de Sade son palpables en el texto, tanto en la temática como en el lenguaje utilizado, con una riqueza y variedad léxica muy importante, imperando los sinónimos frente a las repeticiones. Estos elementos le otorgan a la novela analizada cierto aire culto.

Finalmente, señalar que el título podría dar lugar a una segunda lectura, jugando con la homonímia. «Las once mil vergas» (o la descomunal importancia del acto sexual en la novela) pasarían a ser «los once mil golpes de fusta» que llevarán al protagonista a su muerte por incumplir su palabra. Y los «amores de un hospodar» se referirán sin duda al amor, como sentimiento, que el príncipe Vibescu siente por Culculine, cortesana por la que muere.

Así pues, de una novela pornográfica sin más, tras una reflexión sobre el análisis semántico realizado, pasaríamos a redescubrir una novela amorosa en la que la tragedia y el amor son dos elementos destacables, eso sí, inmersos en un texto repleto de bajas pasiones.

dilluns, 20 de desembre del 2010

La meua proposta per a la cremà

Ana G. ens parla en una entrada del seu bloc d'un article publicat en el New York Times, fa uns anys, dels deu llibres que no s'han de llegir. Ací parlem de literatura; de vegades, de llibres sense més. Hui deixaré els formalismes acadèmics, deixaré de banda la literatura de la qual m'agrada parlar. He anat revisant els llibres que tinc per ací a casa i vos propose la meua llista negra; aquells llibres que he comprat i que m'han suposat una despesa econòmica i la pèrdua d'uns arbres molt valuosos. Som-hi!

1.- Du côté de chez Swann (Marcel Proust)

És superior a les meues forces. Sóc conscient de la seua importància per a la literatura francesa i universal, i fins i tot marciana!. Molt bé. Però és que no puc... És començar a llegir paràgrafs que no s'acaben i m'ofegue. Després de cent pàgines ja no sabes si s'ha menjat d'una maleïda vegada la magdalena. Et parla d'una dona i et descriu un floc de cabells durant unes quantes hores... Ho sent, Proust, encapçales la meua llista. Aquest és un dels llibres que mai no he aconseguit acabar de llegir.

2.- La poesia del Shakespeare

Com que critiquem aquells que estan prou reconeguts, ara canvie de literatura. M'hi pase a l'anglesa. Els poemes del Shakespeare només m'inspiren odi. Ho sent molt, però a mi, la seua capacitat de transmissió és nul·la. Clar, comparem el Shakespeare amb el Ronsard i és evident que Shakespeare no té res a fer.

3.- La poesia del Miguel Hernández i del García Lorca

Un homenatge al poeta oriolà, això sí, molt diferent. Em passa igual que amb el Shakespeare, que no em diu res la seua poesia. Que és molt important, que molt canònic... Ho sé, i reconec la seua importància. Però no, a mi no m'agrada l'Hernández... El mateix em passa amb el García Lorca. El seu teatre em fascina, però la seua poesia, gens ni mica.

4.- Muertes de Perro (Francisco Ayala)

Avorrida, avorrida... No em va agradar aquesta novel·la gens ni mica.

5.- Harry Potter, El Senyor dels Anells, Els pilars de la Terra i d'altres "coses" modernes

Vos jure que he intentat llegir-los, però m'entra una son increïble ja a la primera línia. Val, potser sóc una mica exagerat... Però de les deu pàgines no pase. He intentat posar-me a vore les pel·lícules, per si de cas m'enganxe a la història i així després els llig. Encara menys. Per exemple, la pel·li del Harry Potter l'he intentada vore tres vegades. Resultat? Minut cinc, i l'Enrique roncant. A mi, la literatura m'agrada ben literària, no aquestes coses tan desliteralitzades, coneguda també com a "best-sellers"...

6.- L'Espoir (André Malraux)

Una novel·la sobre la Guerra Civil Espanyola... Doncs molt bé... I? Un ministre francés d'educació que es fa escriptor, participa en la Guerra Civil i s'hi posa a escriure... més de 500 pàgines! Fotre, que ja sabem allò que hi va passar! Es pot resumir en dues frases: Uns macacos es van alçar en contra del govern elegit democràticament, la van "liar parda", va morir molta gent i molts altres van haver d'escapar-se cap a França o Amèrica. Després vam tindre un macaco nan amb un ou que ens va fotre quaranta anys de seguit, així sense descansar ni res.

7.- Au bonheur des dames (Émile Zola)

La veritat és que a mi, Zola, com que no... Em sembla d'un avorrit extrem. A mi en una novel·la m'agrada que passen coses. Digueu-me maniàtic. I jo, la veritat és que amb la novel·la realista/naturalista, no puc. És superior a les meues forces. Aquesta opinió s'estén a tota la literatura realista mundial, no tan sols a aquesta obra ni a Zola.

8.- Colette

Les dues novel·les que m'he hagut de llegir d'aquesta dona em semblen terribles. I els jardins, i les flors, i ma mare que me l'estime molt, i vull jugar amb les papallones... Dona, no sé, fes alguna cosa! O millor, madura i no sigues tan blanda, fotre! L'únic punt positiu és que eren molt curtes així que el patiment no es va allargar molt de temps...

9.- Bonjour tristesse (Françoise Sagan)

En acabar de llegir aquesta novel·la em vaig preguntar: "què ha passat?". Res, que la protagonista té un complex d'Electra (així en pla rollo bollo) que flipes! Tot i això, diuen que va ser important en la seua època! Guau! Això sí que té mèrit, perquè per al meu gust és d'allò més dolenta!

10.- Lucía Etxebarría

Aquesta dona sí que em supera. No m'agrada gens ni mica la seua tècnica d'escriptura. A més, la temàtica de les dues novel·les que vaig començar a llegir (no me'n recorde del nom, imagineu-vos del trauma que encara tinc), no sé... com que no, gràcies. Després de llegir tres pàgines vaig decidir deixar-ho córrer i no intentar-ho mai més.

11.- Alain-Robbe Grillet i els escriptors de "nouveau roman"

Com a "extra" del meu decàleg de lectures destinades a la crema pública, l'obra del Robbe-Grillet. Vaig tindre com a lectures obligatòries dues de les seues obres: Djinn i La jalousie. Va ser impossible. Després d'haver-les llegides tres vegades, encara no pregunteu de què van, que no tinc ni idea. Això s'estén a d'altres autors com ara el Claude Simon. Vaig tindre de lectura obligatòria La route des Flandres. Però com vols que llija una novel·la que on et conten deu històries diferents en la mateixa frase, sense punts (la puntuació la posa on l'ix d'allà baix) i amb frases que comencen en el primer capítol, es tallen i després continuen al capítol 50! Ho sent molt per als nouveaux romanciers, però primer de tot una mica d'ordre mental i ja després en parlem. Que això d'experimentar, val; però sempre respectant les regles de la comunicació!

diumenge, 19 de desembre del 2010

Torna Nadal

Aprofite per a felicitar-vos el Nadal, i com aquest és un bloc de literatura, ho faig amb un poema de Miquel Martí i Pol, Torna Nadal, escrit el 8 de desembre de 1980 i inclòs en el seu poemari Per preservar la veu. No apte per a gent incapacitada per a la reflexió.


L'arbre desvetlla sons i el vent escriu
ratlles de llum damunt la pell de l'aigua.
Tot és misteri i claredat extrema.

Torna Nadal i torna la pregunta.

¿Proclamarem la pau amb les paraules
mentre amb el gest afavorim la guerra?

divendres, 17 de desembre del 2010

Identidad nacional y literatura

Viendo la cantidad de comentarios que suscitó mi entrada sobre los estudios de literatura escrita por mujeres (ver aquí), seguiré quemando cosas junto a una gasolinera. Había pensado dejar para más adelante una segunda reflexión, sobre otro tema, pero decido hacerlo ahora. Seguiré la misma estructura que en mi anterior entrada.

Como nota previa advierto de nuevo que lo que aquí se reflejan son ideas personales, no palabras divinas impuestas a la humanidad. Ni adoctrino ni pretendo hacerlo: sólo reflexiono en voz alta. Las reacciones que pueda suscitar mi comentario las desconozco, pues es un tema que no he debatido con el resto de compañeros del MAESL. Pero al igual que mi anterior entrada, se trata de un tema, no de un ataque contra nadie, ni contra su trabajo, ni contra sus ideas.

Hablemos aquí de la configuración nacional, de la (re)creación de una nación a través de la literatura. Este área de estudios es en la que está trabajando un servidor.

Me centraré únicamente en una reflexión a nivel de investigación, porque a nivel de docencia se encuentra plenamente integrado en las asignaturas de literatura de los diferentes planes de estudio. De literatura sin apellidos, como no debe ser de otro modo.

El principal problema, inconveniente y error de estos estudios es alejarse del texto. Quizás sea algo muy evidente, pero me explicaré. El investigador tiene una concepción ideológica individual y jamás debe volcarla en su objeto de estudio. Trabajar los textos según una ideología particular es descontextualizar y manipular. Los estudios sobre la identidad nacional son problemáticos en el sentido en que tendemos a forzar nuestro material, haciendo una reconstrucción subjetiva y alejada de la realidad.

Pongo mi ejemplo, pues únicamente hablo de lo que yo hago: la literatura catalana escrita en el País Valenciano es muy diversa en los años 60. Hay varias corrientes: pancatalanista (a diversos niveles), blavera y panespañolista. Aquellos que me conocen saben que considero la literatura escrita en lengua catalana como un todo por diversos motivos que no explicaré aquí (quizás en otro momento). Mi material es todo texto que ofrezca una configuración de la identidad nacional catalana, escrita en cualquier territorio de habla catalana. Ahora bien, olvidar la existencia y textos de corte blavero y panespañolista sería sacar mi investigación de la realidad. Un error que no se puede cometer.

También, en este tipo de investigaciones más sociológicas o políticas se corre el riesgo del "todo vale". Los estudios culturales tienden a ello, como no es el caso de quienes estudian una técnica narrativa, o una figura poética, o elementos literarios más asentados.

Como destaqué en mi reflexión anterior, no todo vale. Tenemos que ser consecuentes con que, dentro de los estudios culturales y políticos, estamos trabajando literatura. Debemos crearnos una definición y unos parámetros de lo literario atendiendo a la tradición y a nuestra consideración individual. Si consideramos como literario cualquer cosa escrita, no tendremos problemas, pues sí que entrará todo. Ahora bien, creo no es una postura adecuada.

En nuestra búsqueda de textos para la investigación deberemos separar los literarios de los que no lo son. Estas aproximaciones nos servirán como material secundario, para entender mejor el contexto, pero nunca como material primario para nuestro trabajo. Y es un problema porque siempre es más fácil encontrar textos no literarios que literarios en este campo. El investigador no debería dejarse llevar por impulsos y emociones personales, sino conseguir distinguir y ser capaz de separar. Es la única manera de poder realizar un análisis objetivo. Un texto juzgado como importante podrá no ser literario, pero sí útil para poder trabajar desde ese documento sobre los documentos literarios. Sabiendo distinguir es únicamente como podremos llegar a una investigación lo más rigurosa posible.

Llegando casi al final, decir que el investigador jamás debe forzar los textos. Inmersos en la necesidad de afirmarse y de afirmar su trabajo, es muy fácil caer en el error de considerar cualquier texto como válido. Pero, ¿realmente refleja la problemática que se trabaja o se está manipulando para que, a través de una lectura particular, el texto diga lo que uno quiere? ¿Se está obligando al texto a decir algo? Sería un error, pues esto es una manipulación.

Quiero acabar con una consideración. Al igual que días atrás critiqué los compartimentos estanco, lo hago aquí, aplicando lo que pienso a otro campo. Un estudio sobre la identidad nacional jamás podrá aislarse. Estos textos se enmarcan en un continuum literario y separarlos de su contexto sería ofrecer una visión sectaria, reduccionista e irreal de la realidad. La literatura es Literatura, sin denominaciones extra. Y la aproximación que se pueda hacer con este tipo de investigación, como con cualquier otro, jamás deben constituir un aislamiento. Todo lo contrario, deben unirse a la producción de una época para poder ofrecer otra visión de la misma. Desconectar estos textos del resto de la literatura de su época sería un error y es algo inasumible, poco sano y muy sectario.

Como ocurre en los cajones literarios de Demi, la literatura se encuentra toda, sin excepción, en un mismo recipiente: mezclada, lomo con lomo, sin atender a estructuras y a clasificaciones artificiales. El Hombre escribe y lanza su texto a este cajón, caiga al lado de lo que caiga. Y es por eso que los sectarismos conducen a separar lo inseparable, a considerar la Literatura como fragmentos varios e inconexos.

He aquí mi opinión. Y es mi opinión, pues todos tenemos derecho a tener una.

dimarts, 14 de desembre del 2010

La rana: homenaje a la literatura japonesa

En estas latitudes, lo oriental tiende a limitarse a un mero plano socioeconómico y "gastronómico" (entre comillas). No obstante, aquella cultura que parece aislarse en un territorio lejano, está bien presente en la tradición occidental. Ana García nos desveló unas conexiones entre el cuento de la Cenicienta y la cultura oriental.

Hoy, aquí, un pequeño homenaje a la literatura oriental. El haiku de la rana de Bashō:

古池や
蛙飛び込む
水の音
------------------
El viejo estanque
al saltar una rana
ruido de agua

dijous, 9 de desembre del 2010

¿Literatura de mujeres?

El título creo que irá en relación, más que con el contenido, con los posibles comentarios que podrán aparecer tras mi reflexión. No critico, ni impongo un criterio personal; sólo reflexiono en voz alta. Y como estamos en un país libre, ni quiero imponer mis ideas, ni quiero que nadie me imponga las suyas: todos somos grandecitos como para que nos adoctrinen.

En muchos de los blogs del MAESL abundan las reflexiones sobre la literatura de mujeres. Anna nos habló de Gimeno de Flaquer; Victoria centra su página alrededor de escritoras italianas y españolas del siglo XX; Sara trabaja con mujeres y guerra en lengua inglesa; Elisabeth se decanta por las mujeres en lengua francesa; Alexandra titula su blog "Mujeres y literatura"... Posiblemente se me escape alguien, pero no pretendo hacer un seguimiento exhaustivo de las entradas que mis compañeros y amigos han dedicado al estudio de la literatura escrita por mujeres.

He aquí mi aportación al tema.

Como ya sabrán aquellas personas que más me conocen y aquellas en presencia de las que ha salido el tema, tengo una postura muy opuesta a todo lo que tenga que ver con una parcelación de la literatura argumentando motivos de sexo. ¿Por qué? Lo considero perjudicial, básicamente.

La literatura es Literatura. Se concibe por un ser creador que plasma algo sobre el papel, sobre una máquina de escribir o sobre un procesador de textos. Dividir es dejar de comprender el fenómeno de la literatura como algo universal para pasar a considerarlo como un fenómeno de guetos. Un estudio de la literatura en el que se discriminan obras por razones puramente biológicas, como es el sexo, reduce la comprensión de un fenómeno que es mucho más amplio.

En el siglo XXI nos enfrentamos a una literatura en singular que ha dejado de lado los particularismos de cada grupo que la concibe. Entender la literatura es entender un entramado complejo de relaciones, de circulación de textos, a través de idiomas y culturas distintas. Todo resuena, de una punta a la otra del mundo.

No iré a la provincia de Jaén, a una localidad célebre por el dicho popular. Me centraré en dos aspectos. El primero, la investigación. El segundo, la docencia.

Empecemos por la investigación. El objetivo de un investigador es el de ofrecer un estudio nuevo sobre un tema de interés. Está claro que si hay un determinado número de textos, digamos, del siglo XVIII (o XXVIII, da igual) que no han sido estudiados y que se prevé que puedan servir para completar, ofrecer una perspectiva distinta, del panorama ya existente, un investigador que se precie, deberá ponerse a ello. Esta perspectiva puede ser muy variada: cultural, política, social... ¿Mujeres? Creo que también habrán dicho algo sobre el mundo que les tocó vivir. Ahí entra el criterio del investigador sobre si es un testimonio fundamental o no.

Existe sin embargo un problema: el "todo vale". Al hacer parcelas en nuestro estudio, en ocasiones tendemos a olvidarnos de unos criterios básicos: los criterios que definen la literatura. Necesitamos textos para analizar, da igual su calidad. Creo que es un error. La literatura depende de una estética, y debemos fijar cuáles son los límites de lo literario (nuestros límites personales) antes de ponernos a trabajar. Sabiendo, repito, que no todos los textos valen.

Además nos encontramos también con el problema de "forzar los textos" para adecuarlos a lo que nos interesa investigar. Quizás un autor "x", podemos deformarlo para conseguir encajarlo en nuestro puzle. Pero lo estamos deformando. No sería muy profesional por nuestra parte.

Esto no sirve únicamente para la literatura escrita por mujeres; vale para cualquier tema a investigar. Pero hablamos aquí de literatura de mujeres. No todo lo que han escrito las mujeres merece la pena recuperarlo; igual que tampoco todo lo que han escrito los varones. Debemos plantearnos qué rasgos tienen nuestros textos para que sean literarios y trabajar desde esta perspectiva. Además, separarlos de su mundo, de su relación con otros textos, es perjudicial: ofreceremos una perspectiva incompleta de una época o de un movimiento. Y evidentemente, intentar desprender una crítica feminista de cualquier texto escrito por una mujer sería un error. Igual que tampoco podemos analizar un texto escrito por un varón desde una perspectiva "masculina" (iba a poner "masculinista", pero acabo de comprobar que su significado no encajaba en este contexto).

En segundo lugar, hablaremos de la docencia. Quizás este sea el punto más complejo, ya que en realidad, la investigación de la literatura escrita por mujeres me parece muy positiva atendiendo siempre a determinadas precauciones. No es así mi postura respecto de la docencia.

Vamos con un ejemplo práctico. Los que hicimos el MAESL con el plan de estudios antiguo, teníamos obligatoriamente una asignatura de literatura de mujeres; dos si hacíamos el itinerario de literaturas francófonas. Los que lo hacen con el plan nuevo, tienen una literatura de mujeres que corresponde con la literatura de su especialidad. ¿Para qué?

Ninguna asignatura es una pérdida de tiempo, pues en todas aprendes algo. Personalmente, yo con estas asignaturas (tuve la suerte de hacer dos sobre literatura de mujeres), aprendí que era un error.

Un error porque reduces el fenómeno literario y creas una literatura paralela descontextualizada de un corpus más amplio, el de la Literatura. Así se pierde la riqueza del fenómeno literario. Además, incorporando en los planes de estudios una "literatura de mujeres", das por supuesto que hay una "literatura de hombres". Sin embargo, curiosamente, ésta no existe: en ninguna asignatura se trabaja la problemática del varón en la literatura. Por si fuera poco, esta obsesión con hacer de la literatura mil guetos provoca que sólo sobrevivan quienes más gritan: no existen asignaturas de literatura homosexual, literatura transexual, literatura migrante, literatura "nacional" en otros idiomas, literatura de minorías nacionales (gitanos), literatura de marcianos (puestos a trocear)... La discriminación sufrida por unas, es la que siguen sufriendo los demás "guetos literarios".

¿No es más adecuado (y más productivo y beneficioso) considerar la literatura como Literatura?

¿No puede ir toda la Literatura en un mismo saco?

¿Se pelea Don Quijote y Dulcinea por ver quién es más importante y más "guay"?

¿Queremos ser tan modernos y tan "progres" que la única manera de demostrarlo es creando asignaturas de "literatura de mujeres"?

¿No nos damos cuenta de que en realidad somos unos retrógrados sin criterio al no aceptar otros "guetos literarios"?

¿Es que somos tan cortos de mente que no podemos hablar de Alain Robbe-Grillet y de Nathalie Sarraute en la misma frase, sino que tenemos que separarlos en horas lectivas distintas?

Algún día, quizás, seré profesor de literatura... No sé cuándo, ni cómo, ni dónde. A pesar de eso tengo clara una cosa. Quizás la única que tenga clara: creo en la igualdad, como el que más. Por eso, la igualdad implica no hacer discriminaciones (ni positivas ni negativas, pues ambas son discriminaciones y ambas son igual de nefastas). Hablar de Beauvoir sin que te tiemble la voz, y hablar de Rimbaud sin que tampoco tiemble. Los textos literarios escritos por mujeres son textos literarios "à part entière", y un profesor de Literatura debe explicarlos. Un profesor de Literatura, no de "literatura de mujeres". Puesto que los textos literarios que escriben las mujeres son Literatura y no "mujetura", ni "literager".

¿Qué sentido tiene ofrecer una visión incompleta de la literatura del siglo XX? ¿Qué pretendemos con ello?

Aquí queda reflejada mi opinión. Y es mi opinión, pues todos tenemos derecho a tener una.

dissabte, 4 de desembre del 2010

Hubert Aquin: Prochain épisode (II)

Par rapport à la thématique de Prochain épisode, il faut souligner que, étant un roman inscrit dans l’espace autobiographique, il est fortement chargé d’aspects qui sont étroitement liés avec la vie de l’écrivain : l’amour patriotique, la révolution, l’emprisonnement et le suicide.

On commence alors pour les inclusions de l’amour patriotique d’Aquin dans le roman que l’on essaie d’analyser. Il faudrait préciser à propos de ce sujet que la patrie vient représentée sous la forme de femme. Le prénom de cette femme énigmatique est « K », qui n’en est pas l’initiale. Les critiques « y voient l’abréviation de "Québec" ou (graphie ancienne) "Kébec" ». C’est à travers cette interprétation que l’on peut établir l’analogie entre cette femme et le pays : « Mon amour, tu m’es sol natal […] ».

Tout au long du roman, la figure de K vient présentée sous la forme d’agent double : elle se place aux tranchées révolutionnaires, du côté du protagoniste, mais au même temps, elle fait partie du band contrerévolutionnaire avec H. de Heutz. Ce jeu d’agent double ne vient décrit tel quel dans le roman, mais c’est à travers la description de K, et à travers la description de la femme que le protagoniste voit avec H. de Heutz que l’on peut établir ces rapports.

En fait, Pour Aquin, K agit de la même façon que le Québec. Dans ce pays qui cherche sa liberté à travers son indépendance, une partie de la population luttera pour ces idées, mais une autre demeura attachée au fédéralisme canadien. Aquin transmet cette dualité de la société québécoise dans son roman, et il fait que son protagoniste tombe amoureux de cette femme qui représente le Québec.

K, voire le Québec, est très attachée à la révolution, le deuxième thème à développer. Le narrateur reconnaît que « [l’]histoire de la révolution de notre pays s’emmêle dans celle de nos étreintes éperdues et de nos nuits d’amour. Les premiers éclats du F.L.Q. ont lié nos vies ».

La révolution reste, donc, un thème très important du roman étant donné que c’est à travers elle que le peuple québécois pourra enfin se rendre libre. Aquin y croit :
Je n’admets pas que ce qui se préparait un certain 24 juin ne se produise pas. Un sacrement apocryphe nous lie indissolublement à la révolution. Ce que nous avons commencé, nous le finirons. […] Tout arrive.
En fait, l’écrivain a été un militant pour la souveraineté du Canada-Français : il s’est enrôlé dans le Rassemblement pour l’indépendance nationale (RIN) en 1960, il a participé du Front de libération du Québec (FLQ) et, finalement, il a créé une cellule terroriste dont il a été le seul membre.

Pourtant, et contrairement à ce que l’on puisse penser, le lieu choisi par Aquin pour placer sa révolution québécoise n’est pas le Québec, ni aucune autre ville du Canada, mais la Suisse. H. de Heutz, l’agent fédéral suisse, qui maintient des rapports avec la Gendarmerie, et dont la prononciation de son nom renvoie à « Deutsch », devient l’ennemi à vaincre. À traves cet éloignement, Hubert Aquin crée un lien de fraternité entre ces deux peuples francophones colonisés. Ce choix se trouve dans le fait qu’« [i]l y a de nombreux points en commun entre Suisses romands et Québécois : nous parlons la même langue et nous faisons partie de deux groupes minoritaires… ». Mais, pourquoi la Suisse et non pas la Belgique, par exemple? Hubert Aquin est fasciné par ce pays alpin, auquel il a souvent voyagé. Et, en plus, après avoir sorti de prison, « je m’étais installé en Suisse pour aligner des mots et regarder les Alpes […] ».

Pourtant, cette révolution voulue par le narrateur (et par Aquin) a échouée :
Arrestation, menottes, interrogatoire, désarmement. Contretemps total, cet accident banal qui m’a valu d’être emprisonné est un événement antidialectique et la contradiction flagrante du projet inavoué que j’allais exécuter l’arme au poing et dans l’euphorie assainissante du fanatisme.
L’emprisonnement est un autre point en commun entre l’auteur, le narrateur et le protagoniste, bien que les faits conduisant à leur arrestation diffèrent. Hubert Aquin va être arrêté en 1964 à bord d’une voiture volée et en possession d’une arme à feu. Pour échapper de prison, il va déclarer souffrir une folie passagère et il va être renfermé dans une clinique neuropsychiatrique, l’Institut Albert-Prévost, institution située dans l’arrondissement montréalais d’Ahuntsic-Cartierville. C’est dans cette période qu’Aquin commence à écrire Prochain épisode.

Le protagoniste, et par conséquent le narrateur, va être arrêté à Montréal, à l’intérieur de Notre-Dame, dans la Place d’Armes, où il avait figé un rendez-vous avec un chef révolutionnaire. À la suite de son arrestation, le narrateur va être conduit en prison et puis il va être renfermé dans une clinique psychiatrique où il commence à écrire son roman policier : « [é]crit par un prisonnier rançonné à dix mille guinées pour cure de désintoxication […] ».

Finalement, le dernier thème à développer est celui du suicide. Pour la critique, Hubert Aquin a été un déprimé chronique qui a essayé de se suicider, au moins, deux fois : en 1963 dans une voiture (avec 34 ans) et en 1971 dans un hôtel (avec 42 ans). Sa mort lui arrivera finalement sous forme de suicide : il le fera en 1977 (avec 48 ans) dans les jardins du collège Villa Maria (dans l’arrondissement de Côte-des-Neiges–Notre-Dame-de-Grâce à Montréal).

L’idée du suicide, qui hante toujours l’esprit de l’écrivain, devient un thème récurrent de l’œuvre aquinienne. Les personnages des romans L’invention de la mort (écrit entre 1959 et 1961 et publié posthumément en 1991), de Choix des armes (1958) et de Trou de mémoire (1968) se suicident à l’âge de 15 ans. D’autres romans sont aussi chargés par cette fascination par la mort : dans Les rédempteurs (1952) il y a un suicide collectif; La mort de l’écrivain sera le nom qui reçoit la première partie du roman L’Antiphonaire (1969); et dans Obombre (roman inachevé publié posthumément en 1981) l’auteur joue avec un processus mortuaire qui semble être écrit dès l’au-delà.

La fascination par la mort se trouve aussi présente chez le narrateur de Prochain épisode, mais d’une façon beaucoup plus discrète : « [d]epuis l’âge de quinze ans, je n’ai pas cessé de vouloir un beau suicide : […] dans l’auto broyée l’autre hiver […]. Me suicider partout et sans relâche, c’est là ma mission ». Le narrateur, de la même façon qu’Hubert Aquin, a essayé de se suicider dans une voiture, Aquin en 1963 et le narrateur, « l’autre hiver ». Ce repère temporel peut pourtant correspondre à la vie même de l’auteur : l’auteur a commencé à écrire son roman en 1964, quand il a été envoyé en prison; donc cet autre hiver peut être probablement celui de l’année 1963. Le parallélisme entre auteur et narrateur par rapport a ce fait est alors entrevu dans ce fait.